¿Cómo se manifiesta la ansiedad social?
La persona puede anticipar que los demás notarán su nerviosismo, pensarán mal de ella o interpretarán cualquier error como algo negativo. Esa preocupación puede aparecer antes, durante y después de una situación social.
En el momento pueden aparecer rubor, temblor, sudoración, tensión, bloqueo, dificultad para mantener la conversación o una atención excesiva hacia cómo se está actuando.
Situaciones que pueden resultar difíciles
- Hablar en público o intervenir en reuniones.
- Iniciar o mantener conversaciones.
- Conocer personas nuevas o acudir a encuentros sociales.
- Comer, escribir o realizar una actividad mientras otros observan.
- Expresar una opinión, pedir algo o poner límites.
- Sentirse el centro de atención.
La evitación y las conductas de seguridad
Para intentar reducir el riesgo de quedar mal pueden aparecer estrategias como hablar poco, ensayar mentalmente cada frase, evitar el contacto visual, usar el móvil para parecer ocupado, permanecer junto a una persona conocida o cancelar situaciones.
Estas estrategias pueden ayudar a soportar el momento, pero también impiden comprobar qué ocurriría si la persona actuara con mayor libertad. Después es frecuente repasar mentalmente la situación y centrarse en lo que supuestamente salió mal.
Cómo se trabaja la ansiedad social en terapia
El tratamiento parte de identificar las situaciones temidas, los pensamientos asociados, la atención excesiva sobre uno mismo y las conductas de seguridad. El trabajo cognitivo-conductual puede incluir exposición gradual a situaciones sociales y experimentos conductuales que permitan comprobar de manera más realista las predicciones de miedo.
Las herramientas de Terapia de Aceptación y Compromiso y mindfulness también pueden ayudar a dejar de luchar con cada sensación de nerviosismo y orientar la conducta hacia relaciones, actividades y objetivos valiosos.
¿Cuándo consultar?
Cuando el miedo al juicio limita relaciones, oportunidades profesionales, estudios, ocio o decisiones cotidianas, o cuando se evitan situaciones importantes pese a querer participar en ellas, puede ser útil realizar una valoración psicológica.
