Depresión


Cuando una persona comienza a sentirse triste y desanimada, cuando sufre alteraciones en el sueño, en el apetito o en el deseo sexual, cuando sus pensamientos se vuelven más “negativos”, su sensación de valía disminuye y el temor al futuro y la desesperanza aumentan, cuando deja de hacer las cosas que antes le hacían sentirse bien… Si estos cambios se mantienen durante un cierto tiempo puede que estemos hablando de depresión.

La depresión suele surgir tras un cambio en nuestra vida, un cambio que suele traer pérdidas (muerte de un familiar, separación, enfermedad, despido o cambio de trabajo…), de alguna forma, cosas que eran importantes para nosotros han dejado de estar. Otras veces la depresión comienza porque alguna área de nuestra vida se vuelve negativa (la relación de pareja, problemas familiares o de trabajo…), el caso es que, de cualquier forma, nuestra vida comienza a resentirse y nosotros comenzamos a sentirnos mal, y todo se convierte en un esfuerzo y deja de apetecernos lo que antes nos gustaba hacer, y cuanto menos hacemos, más culpables, cansados y peor nos sentimos. Al final creemos que no podemos hacer nada, y que nunca saldremos del pozo de la depresión, entonces todavía nos sentimos peor, lo que hace más difícil hacer cualquier cosa. Sin ser prácticamente conscientes hemos caído en la trampa, lo que en principio fue el motivo de la depresión, ese cambio y la consiguiente pérdida, nosotros mismos lo hemos agravado y, así, dejando de hacer todas aquellas cosas que hacíamos las pérdidas se han ido sumando, nuestra vida se ha ido estrechando y la insatisfacción y el dolor incrementando.

Recuerdo, que una madre me decía lo importante que era para ella cuidar a su hijo, cuando le preguntaba en qué consistían esos cuidados a los que se refería me explicaba que le gustaría leerle cuentos, abrazarle y darle más cariño, jugar con él,… ¿por qué no lo haces? le pregunté, a lo que me contesto que no podía, estaba deprimida, no le apetecía,…¿y qué sientes al dejar de hacerlo?, me siento peor, culpable, mala madre …y, entonces ¿qué haces?, me voy a la cama y me acuesto, me tapo la cabeza, quiero dormirme y no despertar…Sin darse cuenta iba cayendo en la trampa, en la inercia de la depresión.

Todos sufrimos cambios y pérdidas en nuestras vidas y no por ello caemos en la depresión. Algunas personas son más resistentes que otras a este trastorno del estado de ánimo. Hay personas que por su historia personal, por sus experiencias vividas, han aprendido a enfrentarse a los problemas y a los cambios de un modo más adecuado.

La terapia psicológica nos ayuda a salir de esta trampa , de esta inercia, y no sólo eso, también nos fortalece y nos asegura una forma diferente de relacionarnos con las futuras experiencias, nos enseña a vivir de un modo distinto y a hacernos más fuertes de cara a futuros problemas y probables cambios.